No todo estrés es negativo: una mirada desde el cuerpo

No todo estrés es negativo

“Las ostras sin estrés no hacen perlas”

Hay algo de verdad en esa frase. Sin cierto nivel de desafío, no hay crecimiento.

Pero cuando hablamos de estrés, vale la pena afinar la mirada: no todo estrés es negativo.


El estrés que sí necesitamos

Hay un tipo de activación que nos organiza, que nos enfoca, que incluso nos da energía.

En neurociencia se lo llama eustrés: un estrés que no desborda, sino que acompaña y nos impulsa a desarrollarnos y crecer.

Es ese momento en el que estás haciendo algo y todo fluye.

Ahí aparece lo que Mihaly Csikszentmihalyi llamó estado de flujo: cuando los desafíos de la vida y lo que vos podés dar se encuentran.

No es demasiado fácil, llevándonos hacia el aburrimiento.

No es demasiado difícil, lo cual nos puede generar ansiedad.

Es ese punto “óptimo” donde estás ahí. Presente.

Y el hacer, en sí mismo, es gratificante y nos da sentido, sin importar los resultados.


El cuerpo como referencia: la ventana de tolerancia

Desde el abordaje somático, es cuando tu sistema nervioso está dentro de un rango donde puede sostener la experiencia.

A eso Dan Siegel lo llamó ventana de tolerancia.

Cuando estás ahí:

  • podés sentir sin desbordarte
  • podés pensar sin perderte
  • podés responder sin reaccionar automáticamente

No es calma constante.

Es capacidad de habitar diferentes estados sin desbordarte.


Cuando el estrés deja de ser sostén

El problema no es el estrés.

El problema aparece cuando es demasiado o dura demasiado tiempo.

Ahí el sistema nervioso ya no puede sostener lo que está pasando y empieza a hacer lo que sabe hacer para sobrevivir:

Se acelera: ansiedad, tensión, sobrecarga.

O se apaga: cansancio, desconexión, apatía.

No es falla. Es protección.


Hay algo más profundo: el entorno

Y acá hay un punto clave, que muchas veces queda invisible: no es lo mismo atravesar estrés… que vivir en estrés.

Cuando el estrés es momentáneo, el cuerpo puede activarse y después volver.

Pero cuando el entorno es exigente todo el tiempo —sin pausa, sin sostén, sin espacio para recuperar— el sistema nervioso no tiene a dónde volver.

Y ahí ya no estamos hablando de desafío. Estamos hablando de una condición ambiental tóxica.

Un contexto donde el cuerpo queda sostenidamente exigido, sin posibilidad de regulación real.

Con el tiempo, eso desgasta profundamente y puede aparecer algo que hoy conocemos como Burnout.


Entonces… ¿es que no sabés gestionar el estrés?

Muchas veces la pregunta va hacia uno mismo: “¿qué me pasa que no puedo con esto?”

Pero desde el cuerpo, la lectura es otra:

Tal vez no es que no podés.

Tal vez es que:

  • no hay recursos suficientes
  • no hay apoyo
  • no hay pausa
  • o el contexto no acompaña

El cuerpo no está fallando. Está respondiendo.


Una mirada somática

Desde el abordaje somático, no se trata de eliminar el estrés.

Se trata de algo más profundo: ampliar la capacidad para atravesarlo sin colapsar.

Y también —muy importante— desarrollar la sensibilidad para reconocer cuándo no es algo que tengas que “gestionar mejor”…

sino algo que necesita cambiar afuera.

A veces regular no es adaptarse más.

A veces es poner un límite.

A veces es moverte de lugar.


Para concluir…

El estrés no es el enemigo.

En su justa medida, puede ser parte del movimiento de la vida.

Pero cuando se vuelve constante, abrumador o inevitable, el cuerpo lo muestra.

Escuchar eso no es debilidad.

Es una forma profunda de inteligencia.

Y muchas veces, es el inicio de volver a habitarte de otra manera.


Si sentís que estás sosteniendo más de lo que tu cuerpo puede procesar, hay caminos para ir recuperando regulación, paso a paso.

El cuerpo, cuando encuentra condiciones, sabe cómo volver.

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